Sueña, proyecta, confiesa...

Wednesday 9th April, 2008
El sacerdote pequeño y grande
Un sacerdote debe ser al mismo tiempo pequeño y grande,
noble de espíritu como de sangre real,
sencillo y natural como de casta de campesino,
una fuente de santificación,
un pecador a quien Dios ha perdonado
un servidor para los tímidos y débiles,
que no se rebaja ante los poderosos,
pero que se inclina ante los pobres;
discípulo de su Señor, cabeza de su rebaño,
mendigo de manos siempre abiertas,
una madre para confortar a los enfermos
con la sagacidad de la edad y la sencillez de un niño,
con su mirada en lo alto y los pies sobre la tierra,
hecho para la alegría,
experto en el sufrimiento,
lejos de toda envidia,
clarividente que sabe hablar con franqueza,
amigo de la paz, enemigo de la inercia,
fiel para siempre...
¡Del todo diferente de mí!
(Anónimo)
Recibido de UPS, Sec.Espiritualidad

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